MITOLOGIA
Principales investigadores:
Jose Miguel
Barandiaran
Telesforo de Aranzadi
Ramón Zubiaurre
Aurelio Arteta
Fuente:
http://www.euskomedia.org/aunamendi/96329.
Este no es un texto original, señalo la fuente para que quede fuera de toda duda.
Este no es un texto original, señalo la fuente para que quede fuera de toda duda.
Como denominador común, podemos
señalar que las colectividades o las diferentes culturas suelen
establecer un tiempo mítico u origen de los tiempos (donde todos los
seres eran iguales) y sus personajes míticos, poseían una fuerza y
un conocimiento muy desarrollado. Antes de su definitiva
desaparición, son despojados de sus secretos más preciados por un
antepasado o héroe civilizador que sustrae la cultura de los
antiguos habitantes de un territorio. Dicho tiempo mítico es
recordado o recreado de forma ritual, cíclica y periódicamente,
para tenerlo siempre presente en el seno y conjunto de la comunidad.
Rito y mito son dos aspectos
importantes dentro de la concepción religiosa o de creencias de un
pueblo. El mito explica de forma alegórica el inicio del mundo o el
recuerdo de un hecho concreto. Cuando en orden a esta explicación,
se establece una serie de reglas que regularmente lo recrean, nos
encontramos ante un ritual. Por ello, en nuestra cultura tradicional
no es raro ver asociado a celebraciones festivas seres mitológicos o
la constante búsqueda cíclica de que la vida colectiva siga su
ritmo.
Si el rito se basa, fundamentalmente,
en la fiesta, el mito se apoya en las fábulas, cuentos o leyendas
para dar una versión popular del origen de un hecho concreto. Todas
estas narraciones tradicionales, tratan de acercar e imbuir en un
sentimiento mágico-religioso determinado, a todos los miembros de
una comunidad. Este instrumento ha sido usado en muchos rituales
iniciáticos, para crear temor o secretismo en el iniciado e incluso,
para transmitirle una serie de conocimientos tabús para el resto de
la colectividad.
De este modo, los pueblos de la cornisa
o franja Cantábrica poseen una rica cultura mitológica, que
contrasta de forma manifiesta con creencias y costumbres de otras
latitudes. Así, por ejemplo, con las culturas del mediterráneo, el
gran olimpo del mundo griego o el imaginario romano. Al norte y
centro de Europa, podemos observar las curiosas sagas vikingas o
germanas. El basto mundo mítico de los pueblos célticos, tan rico y
variado. En todos ellos, se observa una concepción singular de
origen racial o mítico, un encuadre en el entorno natural o social y
una particular estructuración de la vida. Pero también, es de
destacar que al contrario de lo que se venía especulando, las
culturas y las propias mitologías, históricamente, se han ido
nutriendo de los diversos contactos entre pueblos para establecer su
propio mundo sacralizado o incluso, para adoptar númenes de otras
latitudes (a modo de ejemplo, ahí están los personajes similares o
comunes a diversas culturas: Polifemo u otros cíclopes). Es decir,
en el mundo antiguo también se daban importantes intercambios
culturales y por ello, frente a la concepción extendida, podemos
afirmar que no nos encontramos ante colectividades estáticas o
estancas.
Creencias telúricas
Atendiendo a este contexto general, el
pueblo vasco ha fundamentado sus pilares en el arraigo a la Tierra
(Ama Lur) y, en
ocasiones, con ciertas referencias a un dios desconocido
(Jaungoikoa), que se
asocia al Cielo y a una serie de númenes atmosféricos. En
definitiva, un mundo en la bóveda celeste, otro en la superficie
terrestre y una serie de marcos subterráneos.
La Tierra, en su entorno aéreo, tiene
dos hijas: el Sol (Eguzkia),
que es dueña de la vida en la superficie terrestre durante las horas
diurnas, y la Luna (Ilargia),
luz de la muerte, dueña y señora de los seres nocturnos o del mundo
subterráneo. Ambos astros celestes desparecen diariamente en el
horizonte para viajar por caminos o laberintos ocultos en las
entrañas de la Tierra, curiosa persistencia de una concepción del
planeta con forma plana y poseedora de un complejo sistema
subterráneo. Además, en la mentalidad popular se ha mantenido el
concepto clásico de los cuatro elementos básicos de la Naturaleza
(aire, agua, fuego y tierra) y a su vez, fundamentos de la propia
vida o existencia humana.
El día para los del día y la noche para los de la noche
El día está
destinado a los seres diurnos o habitantes de la corteza terrestre y
su espacio o influjo, queda señalado por la siguiente sentencia:
"Eguna egunezkoarentzat eta gaua
gauezkoarentzat". Sus duales
representantes coinciden con la separación clásica o científica
entre el mundo vegetal, animal o de los humanos. División que fue
creada en un tiempo previo o premitológico, donde todos los seres
eran iguales e incluso, los animales y plantas poseían el don de la
palabra.
Los seres de la noche, personificada
ésta en Gauekoa
(genio principal de la noche) y como no, relacionado con la propia
luna (ilargia) o con
un genio o duende luminoso nocturno (conocido como gauargia
edo argiduna). La presencia de Gauekoa
se hace patente en la oscuridad de la noche (materializado en diablo,
ráfaga de viento o mostruo) y su actividad regulaba y limitaba la
posibilidad de salidas humanas en dicho periodo, a través de severos
castigos (marcas de advertencia o incluso, la desaparición del
infractor).
No es raro que el
espíritu de la noche se encuentre asociado a la muerte o a las
mismas apariciones de los difuntos y a una serie de espíritus
nocturnos, conocidos genéricamente por Ireluak
o espíritus nocturnos. Éstos últimos, a su vez se presentan a modo
de divinidades domésticas (Inguma,
galtzagorriak,
etc.), genios cavernícolas (Satán, dragones o herensugeak,
brujas o sorginak,
etc.) y silvestres (gizotsoak, maruak,
ireltsuak,
Basajauna, Tartalo,
etc.).
Animales y plantas
Animales que se presentan con la
sempiterna clasificación de positivos o beneficiosos (burros,
abejas, gallos, ovejas, etc.) o de signo negativo o perjudiciales
(sapos, culebras, cuervos, buitres, moscas, etc.) y por su puesto, no
siempre éstos se ven ordenados por un consenso univoco y
generalizado. No faltando su representación en elementos protectores
(gallos en veletas o garras de tejón como amuleto). Y,
paralelamente, una infinidad de vegetales se erigen en símbolos de
preservación de los espacios humanizados (eguzki
loreak o flor del cardo, ramos de fesno o
leizarra, espino
albar o elorrioak,
laurel o ereñozar,
etc.) y el uso de sus propiedades, para su uso curativo y medicinal.
Los primeros seres míticos
Entre las personas o seres humanos,
aparece un grupo de seres míticos o antiguos moradores de la Tierra
(jentilak o
mairuak), héroes
poseedores de sus propias leyendas, entes de dualidad semihumana y el
resto de los mortales, con la común dicotomía entre "nosotros"
y "los otros".
En el seno de cualquier cultura, ha
sido habitual el establecer un mundo prehistórico o mítico donde,
como en nuestro caso, el territorio actual estaba habitado por unos
seres de gran tamaño, de una fuerza descomunal y poseedores de unos
conocimientos claves para la nueva colectividad. Dichos personajes
eran conocidos como jentilak
(curiosa coincidencia con la gentilidad o paganismo previo al
cristianismo) o mairuak
y con ellos coincidieron o coexistieron los humanos, para irlos
delegando en su espacio o estableciendo el momento de su eminente
final anunciado. El ocaso de los míticos personajes, al parecer, se
produce en la sierra de Aralar y siguiendo los consejos de un anciano
jentila, ante una
nube luminosa, se autosepultaron bajo el montículo de piedras
conocido como el dolmen de Jentilarria.
Presentes están las referencias al típico carbonero de nombre
Olentzero
y último jentila,
que invariablemente por Navidad recuerda el anunciado nacimiento de
Jesucristo o Kixmi
y la desaparición de su propia especie.
Bajo la denominación de mairuak,
se les otorga una vida subterránea o aislada en puntos concretos de
la geografía de Euskal Herria (El Moro, Maruelexa,
etc.) y donde, suelen aparecer túmulos que son asociados a la
existencia o enterramiento de magníficos tesoros (guardados en
grandes pellejos de cuero o en calderos metálicos). Se les ha
asociado, tradicionalmente en Europa, a la constante amenaza del
mundo musulmán y se les concibe a modo de moros o árabes (muchas
veces son representados popularmente y se suelen representar en la
imagineria religiosa).
Por otro lado, una serie de héroes
civilizadores son los protagonistas del logro o el robo de elementos
o secretos (elaboración del fuego, la soldadura del hierro, la
siembra y molienda del trigo, la sierra, la generalización de la
agricultura y la ganadería, etc.) dominados por los antiguos
habitantes. Entre nosotros, destaca la figura de San Martín,
Martintxiki o Martiniko.
Personaje que ha posibilitado la paulatina adquisición o el relevó
del bagaje cultural de los primeros pobladores, ante su proceso de
adaptación al nuevo medio o espacio.
Héroes de leyenda
A estas figuras primogénitas se unen
los héroes clásicos o históricos con su bagaje de gestas,
acontecimientos extraordinarios y leyendas. Unos se presentan como
históricos (Roldán o Errolan,
El rey Salomón o Errege Xalomón,
Mateo-txistu o el
eterno cazador, Argizagiteko gizona
o el hombre de la luna, etc.) y sus aventuras más o menos
magnificadas. Otros, son personajes simbólicos o claves de la
cristianización (los arcángeles San Miguel y San Gabriel, San
Martín, San Elías, etc.) que se erigen en nuevos referentes para la
colectividad mestizada.
Seres semihumanos
Tampoco falta la ambigüedad o la
dualidad de los seres semihumanos, que comparten una doble existencia
(bondad o maldad) y se presentan con figura humana en alternancia de
otras formas concretas o bien etéreas (hombres lobos o gizotsoa,
adivinos o aztiak
dominadores del destino, brujos o intxisuak
y brujas o sorginak).
Figuras mítico festivas
Además, en la mayoría de las
sociedades o colectividades humanas, el proceso de socialización de
los jóvenes culminaba con los rituales de iniciación (jalonados de
pruebas de autocontrol, resistencia física y mental, operaciones
físicas, códigos de conducta y revelación de oscuros
conocimientos) y su renacimiento social como adultos. Después de lo
cuál solían asumir, sobre todo en los rituales cíclicos, la
apariencia de figuras festivas que se asociaban, de forma más o
menos nítida, al imaginario mitológico de la colectividad. Hoy en
día, se puede apreciar la presencia de dichas figuras
mítico-festivas de carácter tradicional y simbólica como son los
casos de Ujanko
(propio del Año Viejo o Urte Zahar),
Olentzeroa (sinónimo
de la Navidad o Gabonak),
una gran amalgama de personajes carnavalescos (Zanpantzar,
Miel
Otxin, Basajauna
eta Basandereak, etc.), representaciones
vivientes de figuraciones vegetales (marzas, pascuas o mayas) y un
sinfín de figuras ejemplarizantes propias del mundo cristiano
(tarascas, mingorriak,
la muerte, etc.).
Así mismo, indicar que "cada
comunidad tiene sus propios secretos, celosamente guardados, para que
no los conocieran las mujeres, los niños y los extraños" .
Colectivos de niños, mujeres y personas o grupos obligados a vivir
aislados ante las fuerzas de la Naturaleza (pastores, pescadores,
carboneros, cazadores, etc.) han sido los colectivos más propensos
al ataque de seres y fuerzas sobrenaturales. Que, en muchas
ocasiones, se concretizan a través de enfermedades (físicas o
psíquicas), accidentes y muertes; mediante raptos, desapariciones o
encantamientos; e incluso, en agresiones de toda índole o agobios en
forma de trastornos del sueño.
Como hemos indicado, la noche y la luz
de los muertos, la luna (ilargia)
son los protectores de los mundos oscuros, subterráneos y del "más
allá". Es decir, su vinculación con la figura clásica de la
muerte (heriotza, erioa edo balbea)
y las ambivalentes apariciones de los difuntos o antepasados
(hildakoen agerkundak).
Estas apariciones de finados se presentan a los vivos en forma de
alma luminosa (argia),
sombra sin dueño (gerixetia)
o el propio espectro del difunto (arima edo
izugarria ). Generalmente, vagan por caminos
y se muestran con esperanza de cumplir promesas hechas en vida o
solicitando el final de su tortuoso peregrinaje nocturno, gracias a
la intersección de los vivos con sus oraciones o misas. No faltando,
los que vienen a castigar las acciones de los humanos o bien, ayudar
en los desos de los vivos.
El entorno doméstico
Una serie de espíritus nocturnos
conocidos en nuestro ámbito como Ireluak
y que podemos situarlos en espacios diferentes, a modo de divinidades
domésticas, subterráneas y acuáticas. En el entorno doméstico se
tenía la creencia de que la gente se podía beneficiar de unos seres
minúsculos, que bajo su apariencia de insectos o humanos, se podían
obtener o comprar dentro de unos alfileteros y dichos seres, poseían
un dinamismo extraordinario para trabajar o cumplir las ordenes
recibidas. A dichos genios familiares se les conoce con nombres tan
diversos como famileriak, galtzagorriak,
prakagorriak, mamarroak, etc. También con
carácter bondadoso o no peligroso, se cuelan en los hogares otros
seres nocturnos como Maidea edo
Saindi-Maindia o incluso, lamiak
para comerse las sobras de las cenas. Curiosamente, a ambos genios se
les atribuía ciertas construcciones de carácter precristiano y los
dos, corresponden a sus benefactores con prendas de oro.
Sin abandonar el espacio doméstico,
nos encontramos con una serie de genios o maleficios nocturnos que
pueden trastornar el sueño, limitarlo o producir enfermedades y
hasta la muerte. Así al agobio que podemos sentir durante la vigilia
nocturna se le conoce como aideko
o bildur-aizea y al
genio que lo produce se le dice Inguma;
y Gaizkinak son los
seres malignos que de noche, manipulan la lana de las almohadas para
producir las enfermedades o la muerte.
Mari y el mundo subterráneo
Amplio y muy variado se nos manifiesta
el ámbito de las divinidades subterráneas, donde se encuentra el
genio principal de la mitología vasca (Mari
o la diosa representativa de la madre Tierra) y su estrecha relación
con el amplio espectro de la vida aérea, subterránea y silvestre.
Mari vive en las
entrañas de la Tierra, cuevas y simas repletas de impresionantes
riquezas y en ocasiones, se desplaza de una morada a otra en forma de
fuego o volando en escoba, carnero o en carro tirado por caballos. Es
un ser ambivalente, es decir, tanto ayuda desinteresadamente como
castiga la mentira, el robo, la altanería, la falta de palabra o
respeto y no auxiliar al prójimo. Desde antiguo ha sido investida de
un conjunto de atributos (oráculo de Mari
y controla las fuerzas atmosféricas), se alimenta de la negación
humana, posee una serie de mandamientos y por ello, ha sido desde
antiguo objeto de culto naturista.
Forma matrimonio (Mari
también aparece casada con mortales) con Maju,
Sugaar o Sugoi
que se erige en amo de las lamias y de esa unión, surge un hijo
maligno y diabólico llamado Mikelats
y otro, Atarrabi o
Axular (sacerdote
sin sombra), de carácter afable que lucha contra la maldad de su
hermano.
Otro genio maléfico subterráneo
clásico es el dragón o gran serpiente (a veces con siete cabezas)
conocida por herensugea
o iraunsuge. En las
regiones donde vive se alimenta de victimas jóvenes o ganado y su
desaparición o muerte se debe a un herrero, ángeles o el mismísimo
arcángel San Miguel.
Entre los genios subterráneos, existen
las diversas transformaciones de la propia Mari
o una serie de subalternos de dicho genio femenino. Apareciendo,
cerca de cuevas y simas, en infinidad de forma de animales: toro rojo
o zezengorria,
ternera roja o txahalgorria,
vaca roja o behigorria,
caballo o zaldia,
buitre o putrea,
carnero o aharia,
oveja o ardia, macho
cabrio o akerra,
cabra o ahuntza,
cerdo o urdea, perro
o txakurra, etc. Su
volátil presencia trata de atraer al mundo subterráneo a los
casuales transeúntes en el entorno de las citadas cavidades.
También son genios nocturnos un perro
(Mirokutana) que
asusta a los viandantes, un hombre cavernícola (marua)
con cuernos y que secuestra pastores o roba ganado, el genio maléfico
del bosque u hombre lobo (gizotsoa)
o menos maléficos, como los animales denominados ireltsuak
(asno, carnero negro, puerco o pájaro que escupe fuego).
Tártalo y basanderea
Conocido en diversas culturas, el
cíclope griego de un solo ojo y de fuerte cariz antropófago que en
la mitología clásica, recibe el nombre de Polifemo y en nuestra
cultura, es conocido por Tartalo, Torto
o Alarabi. Gigante
peludo y señor selvático es la característica física que define a
Basajauna o Anxoa,
figura protectora del bosque, sus habitantes y las actividades
cotidianas (pastoreo y sus derivados) desarrolladas en él. En
ocasiones, se encuentra acompañado de su mujer o Basanderea.
El maligno, diablo o el mismísimo
Satanás preside la celebración y adoración a través del sabbat
o akelarre. Él,
también ha sido considerado un ser subterráneo y es más, se le
atribuye la custodia de las puertas del Infierno y el acceso al
mismo. En nuestra cultura ha recibido curiosas denominaciones como
deabrua, etsaia,
beste mutila e
incluso, en ocasiones (sobre todo en colectivos aislados en sus
faenas de pescadores o pastores), no se le nombraba ya que su nombre
era tabú. De él se dice que se sirve de una infinita cohorte de
diablos secundarios (mikolak)
y según la mentalidad popular, se le destino la educación de los
hijos de Mari
(Mikelats
sigue bajo su pupilaje y Atarrabi
o Axular, huyó
perdiendo su sombra).
La brujería
Los procesos de brujería en Euskal
Herria han sido ampliamente conocidos, ya que durante los siglos XVI
y XVII su persecución fue brutal y muchas las personas que fueron
pasto de las hogueras inquisicionales o sujetos de sádicas torturas.
Los seguidores del maligno organizaban sus cultos satánicos y se
agrupaban en torno a las cuevas y campas, donde iban o venían
volando y luego, supuestamente, bajo la atenta mirada de su señor
organizaban una especie de "misa negra". A dichos
personajes, curiosamente en su mayoría mujeres, se les conoce con el
nombre de brujas o sorginak
y a los hombres, se les conoce como brujos o intxisuak
y se les atribuía, toda una serie de calamidades o fenómenos
atmosféricos adversos contra las colectividades y sus intereses, los
maleficios (biraoak)
o aojamientos (begizkoak),
producir la enfermedad o muerte de las personas, el rapto o
desaparición de infantes y prácticas malignas diversas.
Seres acuáticos y genios atmosféricos
La tercera rama de los espíritus
nocturnos, lo constituyen las divinidades acuáticas que se sitúan
en lagos, ríos y mares. Interesantes y ambivalentes personajes
femeninos como lamiak
o laminak, apostadas
siempre cerca del agua, peinándose con peine de oro y caracterizadas
por sus pies de animal (ave o cabra) o su afición a construir
puentes. A lo largo y ancho de nuestra geografía, muchos nombres
toponímicos llevan su nombre. Un carácter más maléfico se les
atribuye a las brujas o sorginak
e itsas lamiak
(sirenas), ya que producen las tempestades y catástrofes marinas.
Por otro lado, los genios o númenes
atmosféricos están presididos por Odei,
trueno o tormenta, que tiene un hijo malvado (Aidegaixto),
el cual controla el viento, los rayos o relámpagos, la niebla, etc.,
y otro bondadoso conocido por Ortzi,
garante del firmamento, arco iris, estrellas, etc. y las catástrofes
naturales (fuegos, riadas, tempestades, etc.).
Odei se
nos presenta como el genio principal del control general de los
fenómenos atmosféricos y posee una serie de atribuciones muy
similares a dioses celestes (Zeus, en la Grecia clásica; Júpiter en
Roma o Thor, en la mitología vikinga o nórdica). Tuvo dos hijos
gemelos, que como se ha indicado son de carácter contrapuesto.
El perfil malévolo de Aidegaxto
(se presenta en forma de aire maligno o rayo), se asocia a la diosa
Mari o a la
presencia de los difuntos (a modo de neblina intensa o genio
tormentoso) y como su padre, controla el relámpago o oneztarria.
Por el contrario, Ortzi
se materializa en el firmamento o en el cielo celeste, en forma
bondadosa y se ve asociado a las hijas de Mari
(Eguzkia e Ilargia)
o a las propias estrellas (izarrak).
A su voluntad se pliega el arco iris (ortzadar)
y la constelación de la Osa Mayor (Zazpi
izarrak edo Ahuntza).
Bajo la tutela de éstos y en el mismo
ámbito, surgen una serie de genios menores o seres negativos. De
esta manera, a lo natural y tangible (berezko)
se nos opone un ser aéreo o sobrenatural llamado Aidea
o Aidekoa que posee
una estrecha relación con genios maléficos de carácter doméstico
como Inguma o
Gaizkinea y con los
vientos procedentes de los cuatro puntos cardinales. Eluaso
aparece a modo de ventisca o torbellino de viento y nieve. La neblina
o bruma simboliza a Lausoa
y en modo de ráfaga de viento o torbellino se manifiesta Aizebiur.
También debemos recordar que cuando en la tormenta suena el viento,
se oye una especie de silbidos o aullidos de perros que son
originados por el propio Mateo
txistu y su jauría de
perros, en su alocada cacería sin final.
No menos virulentos son el genio de la
tempestad o Eate, el
cuál también es capaz de producir fuegos devastadores, enormes
riadas o inundaciones y vientos huracanados que destruyen todo a su
paso. Y finalmente, cerrando el elenco de númenes atmosféricos,
Traganarru es el
causante de las trombas o tempestades marinas.
El esquema que hemos desarrollado, ha
pretendido simplificar el complicado y complejo mundo de la
estructuración de la mente popular vasca en lo referente a su
cosmogonía mitológica. No llegando al rango de una religión y
sobreviviendo a través de los siglos, basándose en
estratificaciones diversas e indicios que perviven de modo aleatorio;
la mitología vasca se asemeja a otras más elaboradas pero
manteniendo una infinidad de aspectos singulares y la esencia básica
de unas creencias de carácter precristiano. Buena parte de la
información recogida y salvada del olvido, se la debemos a la
ímproba labor realizada por José
Miguel de Barandiarán.
En lo esencial, curiosamente,
contrapone el mundo celestial (refugio de los dioses en otros olimpos
mitológicos), a la supremacía de un mundo femenino, oscuro y
subterráneo. Donde la Naturaleza lo rodea todo y la contraposición
entre seres de carácter positivo y negativo, dinamiza la relación
del amplio espectro de genios o númenes existentes en nuestra
cultura. También, mediante un conjunto de cuentos y leyendas se
señalan o prescriben los conceptos morales y filosóficos que van a
regir a la colectividad. Y por supuesto, este elenco de simbolismos
presenta un lazo singular y plasmado en las estructuras y ámbitos
diversos de la sociedad humana que lo ha creado.
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Ejercicio. Traed las respuestas a clase
A-Busque
el significado de los siguientes términos en
- Intxitxu
- Lamia
- Herensuge
- Mateo Txistu
- Gaueko en
- Tartalo
- Gizotso
- Basajaun
B-
Lea la información referente a la celebración de
la noche de
San Juan en el País Vasco
C-
Jaun Zuria
es la leyenda que explica el origen del señor de Vizcaya. ¿ Qué
significa su nombre en castellano? El origen de su linaje ¿qué
relación tiene con lo extranjero? Consultese en:
D- Los gentiles:
Jaun Zuria en castellano quiere decir 'Señor blaco', como dice Bernardo Estornés Lasa Fondoa en 'Auñamendi Eusko Entziklopedia'
ResponderEliminarTanto el la leyenda resumida por Jon Bilbao como en la versión de don Pedro, Conde de Barcelós, hablan de una nave que vino de las islas británicas, en le primer caso una hija del rey de Escocia llega a Mundaka como en la segunda en donde un 'hombre bueno', hermano del rey de Inglaterra arribó a la costa.
En le primer caso, Jon Bilbao, relata como la defensa por medio de las tropas y el hijo de la hija del rey de Escocia, se dirigen hacía el avance del ejército de un hijo del rey le León y en la versión de Barcelós, el propio From, quien había llegado de Inglaterra combate al Conde don Moniño quedando su hijo, Foltun Froes como conde de Vizcaya.